domingo, 5 de enero de 2014

La ciudad...

En mi primer semana de habitarla lloré mientras un violinista tocaba; triste, viejo, sucio, en el metro... lloré sola, sin recibir por ello una sola mirada... me dolía toda.

Después aprendí a caminarla con filtros, con escudos, con ideales. Aprendía a tocarla con mi propio violín, y sí, duele, como duele todo el país, pero no podemos sólo llorar o no ver.

La cuidad me enseñó a mirar diferente.


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