jueves, 16 de enero de 2014

Para no volverme ciega

En la tendencia falsa que el escribir me propone nunca dejo de describir los sueños, los que me sacan muchas veces de la pastosidad con que el presente trata de apresarme.

¿Cuándo volveré a ser la niña de moños en los zapatos bailando al ritmo de un grillo?...
sólo lo que decía porque ya no hay más pasos rebeldes...

¡Cuántas injusticias hay en la cordura! si tan sólo pudiera saber qué trato de decir...

Escribo para no volverme ciega, pero esta ausencia de sentido ha dejado de mostrar su cara alegre, nunca podré así bañarme en ideas que brillen ni dejar de proponerme describir los sueños mientras a la hora del sueño no sueño. En la luna la noche se luce y me enferma la belleza de los seres que roncan y duermen sin querer, dejando palabras inconclusas cuando ni siquiera saben leer.

¿Serán las bombas o el zumbido del viento, serán las angustias, la ineptitud, las frustraciones? ¿Qué es entonces sino la vida? ¿Qué es lo que cada noche se apodera de una sombra vieja y no cesa de dar vueltas en las ideas más sencillas, en las más complejas? Si tan sólo me concedieran tres horas de sueño auténtico no dejaría de escribir versos inútiles atropellados de necesaria agonía y llenos de tiempo que cubre las horas lentas sin dejar rastro alguno de un ser despierto... pero volvería a sonreír.

No hay palabras más útiles cuando lo que se tiene que decir está prohibido.

En esta tendencia falsa a escribir con sentido, nunca dejaré de describir lo que los sueños sin presente mezclan en la pastosidad del estado en el que no se duerme y no se vive para crear.

¿Quién le sugirió a la cordura ultrajar la forma en las noches de luna llena?

Ostracismo amarillo 
2005  

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