En la tendencia falsa que el escribir me propone nunca dejo
de describir los sueños, los que me sacan muchas veces de la pastosidad con que
el presente trata de apresarme.
¿Cuándo volveré a ser la niña de moños en los zapatos
bailando al ritmo de un grillo?...
sólo lo que decía porque ya no hay más pasos
rebeldes...
¡Cuántas injusticias hay en la cordura! si tan sólo pudiera
saber qué trato de decir...
Escribo para no volverme ciega, pero esta ausencia de
sentido ha dejado de mostrar su cara alegre, nunca podré así bañarme en ideas
que brillen ni dejar de proponerme describir los sueños mientras a la hora del
sueño no sueño. En la luna la noche se luce y me enferma la belleza de los
seres que roncan y duermen sin querer, dejando palabras inconclusas cuando ni
siquiera saben leer.
¿Serán las bombas o el zumbido del viento, serán las
angustias, la ineptitud, las frustraciones? ¿Qué es entonces sino la vida? ¿Qué
es lo que cada noche se apodera de una sombra vieja y no cesa de dar vueltas en
las ideas más sencillas, en las más complejas? Si tan sólo me concedieran tres horas de sueño auténtico no
dejaría de escribir versos inútiles atropellados de necesaria agonía y llenos
de tiempo que cubre las horas lentas sin dejar rastro alguno de un ser
despierto... pero volvería a sonreír.
No hay palabras más útiles cuando lo que se tiene que decir
está prohibido.
En esta tendencia falsa a escribir con sentido, nunca dejaré
de describir lo que los sueños sin presente mezclan en la pastosidad del estado
en el que no se duerme y no se vive para crear.
¿Quién le sugirió a la cordura ultrajar la forma en las
noches de luna llena?
Ostracismo amarillo
2005

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