jueves, 30 de enero de 2014

Felices 28.


Aquí me tienes entre una obsesión de tantas buscando, como indigente en la basura y por toda mi casa, la libreta, esa que ya se convirtió en dos porque en su búsqueda encontré la memoria de otra también ausente... Sé que mi obsesión por los recuerdos, su latencia, vigencia y condición me fugan del ahora, me intoxican de nostalgia. Quisiera, de verdad lo siento, que aquel ideal acerca de vivir el presente me bañara el cuerpo y el pensamiento, últimamente cíclico, automatizado, agotado y sediento, que entonces fuera todo y ese todo tan pleno como mi deseo, el de tenerte cerca. Es una necesidad añeja, mas no caduca, la que ha velado mi sentir desde hace años, periodos de esplendor ha habido pocos pero tan reales, pocos y no tan cortos, pocos y no contables; hablo de la necesidad de renacer... ¿has estado en algún retiro? esa es mi verdadera esencia, la del exilio de uno mismo... más humana cada día, me entrego al fin al devenir de un presente salpicado de ideales bellos, brillantes y cálidos... y entonces  llegas, llegaste, aunque ya estabas y no te vas, aunque te vayas, porque a donde me refiero llegaste perteneces...: a mi vida, de mi vida ya eres. A ti, al que ya estaba no lo conozco bien, me has dejado atisbar una personalidad hermosa y así hermosa es tu esencia en ese Salvador que yo tengo. Hoy cumples 23 años, de lo demás no me hagas mucho caso pero recuerda bien que este día ofrendé no olvidarte. Dejemos al futuro ser cuando quiera y sirvámonos del pasado para que nuestro andar sobre el tiempo sea ligero, sea bello a pesar de que tenga más parecido con un recuerdo, ¿recuerdas que fabricamos uno?... de aquel recuerdo sólo recuerdo tu ojo acompañado de la perfección de una ceja que más obscura sería la misma noche, no aquella de luna llena sino la noche más negra. Decías hace unas palabras que dejáramos a la vida hablar... pues sí, que hable, que sea fuerte y claro su discurso, que sepa ser honesta, que se atreva la vida a ser vivida. Dicen que sólo hay una, (perdona estas palabras atropelladas, en la medida que sea posible léelas variando la velocidad, de la puntuación interpreta libremente, las convenciones hoy me sobran y es porque le huyo a la sobremeditación  que me envuelve en un loop, pariente y cómplice del tiempo perdido al que llamamos pasado, recuperado a medias, perdido de nuevo, valioso como el oro, ¡vaya fortuna aquella!... ya no supe dónde cerrar el paréntesis... aquí?)... quizá las verdaderas ansias de la vida nos dejen compartir más, las mías son de aquella que al terminar este monólogo arrojado sin orden ni piedad reitera que te quiere, que te quiere, que te quiere. Felices 23.


Para JSTP.
Hoy hace un lustro ofrendé no olvidarte, felices 28.

lunes, 27 de enero de 2014

La migración del regreso



De andar en el fango, a catorce días, doce de encierro… y venías, aquí cerquita y no, de nuevo a convivir con tu mascota y conmorir en la agonía, dejaste todo por ya haberlo abandonado, le llamo a eso subir en un globo. Te fuiste en tempestad de vicios y calcomanías y llegas sin tierra, a mitad de mi alegría. No vendrás a quitarme los sueños, esos míos que son tan míos… te doy la bienvenida y el buen adiós. Agitas el pulso de la herida, ya has aprendido a soltar… me gustará probar correr en esta nueva era, fugitiva de nuestro juego, tenaz.
enero 2013

jueves, 16 de enero de 2014

Para no volverme ciega

En la tendencia falsa que el escribir me propone nunca dejo de describir los sueños, los que me sacan muchas veces de la pastosidad con que el presente trata de apresarme.

¿Cuándo volveré a ser la niña de moños en los zapatos bailando al ritmo de un grillo?...
sólo lo que decía porque ya no hay más pasos rebeldes...

¡Cuántas injusticias hay en la cordura! si tan sólo pudiera saber qué trato de decir...

Escribo para no volverme ciega, pero esta ausencia de sentido ha dejado de mostrar su cara alegre, nunca podré así bañarme en ideas que brillen ni dejar de proponerme describir los sueños mientras a la hora del sueño no sueño. En la luna la noche se luce y me enferma la belleza de los seres que roncan y duermen sin querer, dejando palabras inconclusas cuando ni siquiera saben leer.

¿Serán las bombas o el zumbido del viento, serán las angustias, la ineptitud, las frustraciones? ¿Qué es entonces sino la vida? ¿Qué es lo que cada noche se apodera de una sombra vieja y no cesa de dar vueltas en las ideas más sencillas, en las más complejas? Si tan sólo me concedieran tres horas de sueño auténtico no dejaría de escribir versos inútiles atropellados de necesaria agonía y llenos de tiempo que cubre las horas lentas sin dejar rastro alguno de un ser despierto... pero volvería a sonreír.

No hay palabras más útiles cuando lo que se tiene que decir está prohibido.

En esta tendencia falsa a escribir con sentido, nunca dejaré de describir lo que los sueños sin presente mezclan en la pastosidad del estado en el que no se duerme y no se vive para crear.

¿Quién le sugirió a la cordura ultrajar la forma en las noches de luna llena?

Ostracismo amarillo 
2005  

lunes, 13 de enero de 2014

La costumbre de extrañar.


23 sep 2013

Lo primero que me vino a la mente fue decir: ¿Qué importa? ¿Qué importa si se acostumbra uno a algo nuevo? si de por sí ya estamos acostumbrados a algo, y si no, estamos en el proceso de estarlo, al fin y al cabo uno puede entonces acostumbrarse a otra cosa y ya… pero extrañar es no acostumbrarse a lo diferente, es decir, si te extraño es porque ya viene implícita la costumbre. En cualquiera de los casos, lo que uno debe de hacer es justamente lo que no debe dejar de hacer: construir un camino para nunca extrañarse a sí mismo, y nunca acostumbrarse a una sola versión de uno para entonces seguir moviéndose, caminando con sus propios pasos.

La reinvención.

Nos da un poco de miedo la ausencia, nos da miedo también la presencia… no quiero extrañarte ni quiero que te acostumbres. Dicen que las costumbres nos matan y no quiero morir ahora, ni que tú lo hagas tampoco.


lunes, 6 de enero de 2014

"una de las formas"


Tengo la sensación de que estoy a punto de seguir perdiendo el tiempo, pero alguien hace poco me recordaba lo bueno que es escribir y se me antoja jugar a que entonces si escribo estaré haciendo algo bueno. No sé bien si hacer algo bueno signifique no perder el tiempo, de cualquier manera el tiempo sigue corriendo haga o no algo que se considera bueno. Recientemente abrí este blog, no sé bien para qué o para quien escribo, sólo tengo la sensación de que puede ser divertido y que seguramente divertirme no es perder el tiempo, a mi me gusta la sensación esa de hacer algo que me haga pensar que estoy aprovechando mi vida, qué cambio!, ahora hablo de la vida en vez del tiempo, pero creo que comprendo por igual los dos términos, sólo que a veces decir una palabra u otra le da un peso distinto a la frase, o a la idea, o al tiempo o a la vida. Llevo muchos años con el hábito de escribir, por supuesto que éste se enfatiza cuando leo más, porque según yo, son actividades hermanas, no dependientes pero que se llevan bien. Así que ahora, como muchas veces que escribo, lo hago porque recientemente leí el blog de un amigo que me contagió y llenó de antojo de escribir, así sin más, por el cariño que le tengo a las palabras. Ellas que han sido un puente y una barrera sin importar su forma, sin importar si sólo han quedado en el plano mental o han sido externadas, ellas son la forma de mi pensamiento, una de las formas, por no asegurar que son la verdad, mejor prefiero decir que son “una de las formas”. Sí, abrí el blog y me pregunto por qué estoy más entusiasmada por alimentarlo que al blog otro, el de imágenes que tengo desde hace muchos años, todo desnutrido. Ellas, la imágenes, que también son otra forma, tan amada y temida. Aún temo algunas formas de externar (avisar) mi existencia, temo la forma de las expectativas. Pero sigo buscando entre tantas una “buena” para hacer eco en esta vida, la vida que se me pasa corriendo y que seguramente estoy perdiendo mientras gozo la sensación de estar haciendo algo bueno con mi tiempo, con mi vida.

Ahorita.

domingo, 5 de enero de 2014

La ciudad...

En mi primer semana de habitarla lloré mientras un violinista tocaba; triste, viejo, sucio, en el metro... lloré sola, sin recibir por ello una sola mirada... me dolía toda.

Después aprendí a caminarla con filtros, con escudos, con ideales. Aprendía a tocarla con mi propio violín, y sí, duele, como duele todo el país, pero no podemos sólo llorar o no ver.

La cuidad me enseñó a mirar diferente.