Ilustración Carlos López Tavera
Hace unos pocos días la muerte vino a saludarme, no en mi
cuerpo pero sí en mi historia, en la historia de seres queridos, en la
historia de la humanidad. Vino a mi mente y vino a contarme lo que no se puede
escuchar sino a través de las lágrimas unidas, del dolor de lo que duele y
seguirá doliendo, del apego a la vida y a la compañía. Me habló de las
enfermedades humanas, de las coincidencias, del destino, de lo irrefutable. Me
contó que somos muy poco en relación con lo que somos en la memoria, me contó
que la vida es una ilusión, un sueño y que el ego es la trampa más mezquina, la sombra sobre la que posa la ignorancia.
Me invitó a esperarla tranquila, nunca falla, me lo reiteró.
febrero 2014
